LA APP SE PAUSÓ, PERO LA IDEA SIGUE VIVA
- Juan Pedro Dyangani Ose

- 10 jun
- 7 min de lectura

UNA PUBLICACIÓN DE MENTORDAY DE UNO DE SUS WIKITIPS NOS RECORDÓ QUE EL PILOTO DE ARUCAS NO FUE SOLO UNA PRUEBA DE RECICLAJE ORGÁNICO, SINO EL PRIMER DATO REAL DE UNA NUEVA ECONOMÍA CIRCULAR
En la típica búsqueda random sobre publicaciones sobre modoBIM, encontramos un artículo publicado en febrero de 2026 por MentorDay, que nos hizo parar y releer nuestra propia historia.
En su sección de casos prácticos, la plataforma de aceleración describía tokenMYs como un ejemplo de modelo GreenTech y GovTech aplicado a la gestión de residuos orgánicos mediante gamificación e incentivos. Y leerlo desde fuera —con la distancia de quien ya no está en el día a día del proyecto— tuvo un efecto curioso: nos obligó a mirar con otros ojos algo que habíamos construido desde dentro.
Porque cuando estás desarrollando una solución, a veces solo ves lo que falta: la siguiente versión, la alianza pendiente, el comercio que aún no se ha sumado, la funcionalidad que se podría mejorar, pero cuando alguien externo recoge tu caso y lo enmarca como una experiencia innovadora, aparece otra lectura: quizá aquello no era solo una app. Quizá era una hipótesis real sobre cómo cambiar comportamientos sostenibles.
tokenMYs, la plataforma que diseñamos en modoBIM para crear una nueva economía desde el residuo orgánico, dejó de estar disponible al público en diciembre de 2025, pero el código sigue existiendo, los datos siguen siendo nuestros y el concepto que la sustentaba —usar una moneda virtual para cambiar el comportamiento ciudadano frente al reciclaje— sigue siendo más relevante que cuando lo lanzamos.
Este artículo nace de esa mirada: hacia atrás, sin nostalgia; y hacia adelante, con la intención de seguir evolucionando.
LA IDEA QUE QUERÍAMOS DEMOSTRAR
El problema que intentamos resolver con tokenMYs no era tecnológico. Era de motivación.
Durante años, muchos ayuntamientos españoles han tenido dificultades para alcanzar los objetivos europeos de recogida selectiva de materia orgánica. No siempre por falta de infraestructura o de normativa, sino porque separar residuos orgánicos en casa requiere un esfuerzo constante.
Hay que tener la bolsa adecuada. Hay que separar bien. Hay que bajar al contenedor correcto. Hay que hacerlo una y otra vez. Y, en muchas ocasiones, el ciudadano no recibe ningún retorno visible por ese esfuerzo.
La hipótesis de tokenMYs era directa: si cada bolsa de residuos orgánicos tiene un código QR adherido, y cada escaneo de esa bolsa genera una recompensa en forma de tokens MYs canjeables en comercios y eventos locales, el comportamiento puede cambiar.
No porque la gente sea necesariamente más concienciada de un día para otro, sino porque el modelo económico cambia.
El residuo pasa a tener un valor palpable… Y la persona que lo separa, también.
El piloto lo pusimos en marcha en Arucas, Gran Canaria, como primer despliegue de este tipo en España. No era una simulación, ni una maqueta, ni una promesa en una presentación. Era una prueba real, con usuarios reales y con un territorio concreto.
LO QUE ENCONTRAMOS CUANDO LO MEDIMOS
Después del piloto, encuestamos y entrevistamos a usuarios de tokenMYs. Hablamos tanto con personas que habían utilizado la aplicación con regularidad como con quienes la descargaron, pero no llegaron a activarla.
Y precisamente por eso los datos son tan valiosos. Porque no cuentan solo lo que funcionó. También muestran dónde aparecieron las fricciones.
Entre quienes sí usaron tokenMYs de forma activa, el balance fue positivo. Cerca del 70% valoró la experiencia con 4 o 5 sobre 5. Más del 85% describió la interfaz como intuitiva o fácil de usar. Y la funcionalidad principal —escanear la bolsa y ver cómo se acumulaban los tokens— fue percibida como motivadora incluso cuando todavía no había comercios adheridos ni recompensas canjeables.
Ese dato es importante.
El interés por lo que la app prometía era suficiente para mantener parte del comportamiento. La recompensa no estaba completamente desplegada, pero la idea ya generaba motivación. El simple hecho de ver que una acción cotidiana podía convertirse en valor cambiaba la percepción del gesto.
También fue revelador el patrón de uso: casi el 78% de los usuarios activos utilizaba la aplicación semanalmente.
tokenMYs no era una app de uso diario compulsivo, ni pretendía serlo. No competía por la atención del usuario cada hora. Acompañaba un gesto habitual: sacar la basura orgánica.
Ese ritmo semanal era, en sí mismo, una buena señal. La app se integraba en la vida de los usuarios evitando incomodarla.
UNA SOLUCIÓN LOCAL NECESITA COMUNIDAD LOCAL
Otro aprendizaje clave fue cómo llegaron los usuarios a tokenMYs.
La vía de descubrimiento de la app más efectiva fueron los eventos y ferias locales: más del 55% de los usuarios activos llegó a la app por esa vía. Después apareció la promoción directa del ayuntamiento, con un 33%. En cambio, el boca a boca y las redes sociales apenas representaron un 11%.
Esto podría interpretarse como una debilidad si se analiza con la lógica de una app de consumo masivo, pero tokenMYs no era eso. Era una solución de comunidad local.
Y las soluciones de comunidad local crecen de otra manera.
Crecen cuando alguien te explica el proyecto en persona. Cuando ves el stand en una feria. Cuando el ayuntamiento lo comunica. Cuando entiendes que no se trata solo de descargar una app, sino de participar en un sistema nuevo de valor para tu municipio.
En sostenibilidad, la tecnología importa, pero la confianza importa igual o más.
LAS FRICCIONES QUE IDENTIFICAMOS
Sería poco honesto contar solo la parte positiva. El piloto también mostró obstáculos muy claros.
El principal no fue tecnológico. Fue de infraestructura física.
Varios usuarios inactivos señalaron que no encontraron un contenedor orgánico cercano a su domicilio, especialmente en barrios periféricos. Y este punto es fundamental: cuando el punto de depósito no está a menos de cinco minutos a pie, el comportamiento no se activa, por muy buena que sea la app.
Puedes tener una interfaz intuitiva, un sistema de incentivos bien pensado y una ciudadanía predispuesta, pero si la infraestructura no acompaña, el hábito se rompe.
El segundo obstáculo fue la curva de entrada: la llave del contenedor, las bolsas con QR, el proceso de registro y la explicación inicial. Quienes llegaron al piloto sin acompañamiento previo tenían más probabilidades de instalar la app y no llegar a usarla nunca.
La conciencia ecológica, por sí sola, no basta para superar una fricción de onboarding.
Y hubo un tercer hallazgo que merece especial atención: algunas personas señalaron que no generaban suficiente residuo orgánico como para que les compensara desplazarse al contenedor. Personas que viven solas, hogares con compostera propia o familias cuyos restos orgánicos consumen sus animales domésticos.
Esto no es un fallo del modelo. Es una lección.
Ninguna solución de economía circular funciona igual para todos los perfiles de hogar. Por eso, la personalización del incentivo es clave
LO QUE tokenMYs DEMOSTRÓ
tokenMYs demostró que la gamificación puede ayudar a cambiar comportamientos, pero también que no hace magia.
El incentivo funciona mejor cuando se apoya en tres condiciones: una acción clara, una infraestructura accesible y una recompensa comprensible.
Si una de esas piezas falla, el sistema pierde fuerza, pero cuando se alinean, aparece una oportunidad muy potente: convertir un gesto invisible en una acción reconocida. Separar residuos deja de ser solo una obligación ambiental y empieza a formar parte de una economía circular más tangible.
El aprendizaje de Arucas nos dejó varias ideas claras:
• La ciudadanía responde cuando entiende el valor de su acción.
• La tecnología funciona cuando acompaña un hábito, no cuando lo complica.
• Los datos reales son más útiles que cualquier suposición.
• La colaboración público-privada es imprescindible para escalar este tipo de soluciones.
Y, sobre todo, el residuo orgánico puede ser el punto de partida de una nueva economía local.
POR QUÉ EL CONCEPTO TIENE MÁS FUTURO QUE NUNCA
tokenMYs como aplicación está pausada, pero el modelo que la sustenta —la tokenización del comportamiento sostenible como mecanismo de economía circular— no solo sigue siendo válido en 2026. Es más oportuno que nunca.
Hay tres tendencias que lo confirman.
La primera es la presión normativa. Los municipios españoles tienen cada vez más exigencias para avanzar en la recogida selectiva de residuos orgánicos. La Ley 7/2022 y el Reglamento PPWR, que entra en vigor en agosto de 2026, elevan el coste de no actuar para administraciones y empresas.
La segunda es el momento del sector turístico. Especialmente en Canarias, el turismo necesita pasar de los relatos genéricos sobre sostenibilidad a soluciones concretas, medibles y comprensibles.
La tercera es la madurez de la gamificación y los incentivos económicos digitales. Ya no son una rareza tecnológica. Son herramientas cada vez más utilizadas para modificar comportamientos, fidelizar usuarios y activar comunidades.
En ese contexto, HO2 —nuestro proyecto actual orientado a alojamientos turísticos en Canarias— recoge parte del aprendizaje de tokenMYs.
El mecanismo de fondo es similar: crear un sistema de valor donde el comportamiento sostenible se recompensa con una moneda que circula en la economía local.
Lo que cambia es el ecosistema. En lugar de bolsas de residuos domésticos, el nodo central es el alojamiento turístico. En lugar del vecino de Arucas, el huésped que llega al archipiélago. En lugar de limitar el incentivo al reciclaje orgánico, se abre la puerta a comportamientos más amplios: ahorro de agua, ahorro energético, movilidad sostenible, reducción de residuos o participación en experiencias locales con impacto positivo.
La idea evoluciona, pero no desaparece.
UNA NOTA SOBRE EL VALOR DE HABER EMPEZADO
Las startups suelen escribir sus historias hacia adelante. Nosotros creemos que también hay que saber escribirlas hacia atrás.
Porque los datos reales de Arucas son parte de nuestra credibilidad, no una anécdota menor.
Probamos una hipótesis. Medimos el resultado. Aprendimos qué funcionaba y qué necesitaba más infraestructura, más tiempo y más alianzas. Y seguimos.
Hay una diferencia importante entre un proyecto que fracasa y un proyecto que se pausa esperando mejores condiciones.
tokenMYs existe en código, en datos y en aprendizaje y, por lo tanto, lo que construimos en Arucas no fue un error; fue el primer dato real de un modelo que todavía no ha encontrado su momento definitivo.
Pero estamos convencidos que lo encontrará.
La publicación de MentorDay nos ayudó a recordar algo que, desde dentro, a veces cuesta ver: tokenMYs fue más que una aplicación. Fue una forma de ensayar cómo la tecnología, los incentivos y la economía local pueden activar comportamientos sostenibles.
Y esa pregunta sigue abierta:
¿Y si la sostenibilidad no dependiera solo de pedir más esfuerzo ciudadano, sino de diseñar sistemas donde hacer lo correcto también tenga valor?
Desde modoBIM seguimos creyendo que ahí hay una oportunidad enorme, para los municipios, para el turismo y, en general, para cualquier territorio.
Este concepto permite que pueblos y ciudades puedan lograr convertir sus retos ambientales en nuevas formas de economía circular.
El residuo tiene valor.
La persona que lo separa, también.
Y cuando una idea demuestra eso, aunque se pause, no desaparece.
Se queda esperando su siguiente oportunidad.



