LA IDEA QUE CANARIAS YA ENSAYABA ANTES QUE COPENHAGUE
- Juan Pedro Dyangani Ose
- hace 2 días
- 5 min de lectura

EL ÉXITO DE COPENPAY EN COPENHAGUE REABRE, EN CLAVE TURÍSTICA, UNA PREGUNTA QUE MODOBIM YA SE HACÍA EN 2022 SOBRE EL RESIDENTE
Mientras buena parte de Europa discute cuánto cobrarle al turista por visitarla, Copenhague decidió probar la fórmula contraria: pagarle por portarse bien. La iniciativa se llama CopenPay y, tras el piloto en el verano de 2024 y su consolidación en 2026, tiene en la actualidad 30.000 usuarios activos, dispuestos a intercambiar comportamientos sostenibles por recompensas instantáneas: alquiler gratuito de bicicletas, comidas vegetarianas, entradas a museos o paseos en kayak a cambio de recoger basura de los canales de la ciudad. Los resultados, difundidos por la propia organización de turismo de la capital danesa, hablan por sí solos: el alquiler de bicicletas creció un 29% durante el periodo de prueba y un 98% de los participantes aseguró que repetiría la experiencia.
CÓMO FUNCIONA, EN LA PRÁCTICA
La mecánica no podría ser más sencilla: basta con acreditar la acción sostenible —un billete de tren, una foto recogiendo residuos en un canal, el registro de un trayecto en bicicleta— para acceder de inmediato a la recompensa correspondiente en los comercios y atracciones adheridos al programa. Esa simplicidad explica en parte por qué el modelo se ha extendido tan rápido: además de Berlín, que ya ha lanzado su propia versión bajo el nombre BerlinPay, Normandía y Helsinki han puesto en marcha adaptaciones similares, y se ha planteado ya como posible referencia para otros destinos europeos, entre ellos Mallorca.
2022: CUANDO CANARIAS PREMIÓ AL VECINO, NO AL TURISTA
Contada así, la idea suena a un hallazgo reciente. Pero en Canarias ya existía un antecedente, aunque con un objetivo bien distinto. En 2022, modoBIM inicio el desarrolló tokenMYs, un proyecto pensado no para el turista sino para la ciudad y el residente: acompañaba la implantación del quinto contenedor —el de residuos orgánicos— y llevaba implícita una idea de fondo parecida a la que hoy demuestra CopenPay: recompensar el gesto sostenible con algo tangible, representado entonces en un sistema de tokens, las MYs. En su planteamiento original no era un proyecto turístico ni tenía vocación de serlo; era una herramienta de economía circular urbana, orientada a cambiar el hábito doméstico de separar los residuos orgánicos del resto de la basura. El proyecto contó entonces con el respaldo del Gobierno de Canarias a través de la ACIISI (Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información), y se concibió como una pieza más dentro de un ecosistema de innovación social pensado para cambiar hábitos cotidianos del vecino, no para atraer o fidelizar al visitante.
DE LA CALLE AL HOTEL: LA MISMA IDEA, OTRO DESTINATARIO
Esa lógica de recompensa —implícita en tokenMYs, aunque nunca formulada entonces en clave turística— es la que hoy se traslada a un terreno distinto: el del visitante. HO2, el proyecto en el que modoBIM trabaja actualmente y que todavía se encuentra en fase de desarrollo, adapta ese mismo principio —recompensar el gesto sostenible con algo tangible— al contexto turístico: el viajero realiza acciones sostenibles durante su estancia en Canarias recibe a cambio MYs canjeables por experiencias locales. No es una continuación directa de tokenMYs, sino la aplicación de la misma idea de fondo a un público y un problema distintos: “el turista, no el vecino; la estancia, no el contenedor de la calle”.
LO QUE COPENHAGUE NO TUVO QUE RESOLVER
El paralelismo, sin embargo, tiene un límite que conviene no pasar por alto. CopenPay se apoya en una infraestructura turística ya consolidada, con decenas de negocios adheridos y una organización de destino —Wonderful Copenhagen— capaz de coordinar en tiempo real la oferta de recompensas. HO2 parte de un reto distinto: construir esa misma infraestructura en un archipiélago donde la actividad turística convive con una presión creciente sobre el agua, la energía y la gestión de residuos. No es un matiz menor. Trasladar el resultado de Copenhague a Canarias exige resolver antes preguntas que la capital danesa no tuvo que responder de la misma manera: qué alojamientos participan, cómo se verifica el gesto sostenible sin fricción para el huésped, y cómo se garantiza que la recompensa revierta en la economía local y no solo en la percepción de marca del destino.
A ello se suma una dificultad adicional que Copenhague apenas tuvo que afrontar: la estacionalidad. Mientras la capital danesa concentra su piloto en las semanas de mayor afluencia veraniega, Canarias recibe visitantes prácticamente todo el año, lo que obliga a pensar en HO2 no como una campaña puntual, sino como un sistema estable e integrado en la operativa diaria de los alojamientos.
INCENTIVAR EN VEZ DE SANCIONAR
Aun con esa diferencia de origen, el paralelismo importa —y no solo por la validación externa que aporta. Importa porque sitúa a modoBIM en una posición poco habitual: la de haber ensayado ya, la misma lógica de recompensa que gran parte del sector turístico europeo apenas empieza a explorar ahora, aunque entonces estuviera dirigida al vecino y al contenedor orgánico, no al visitante. Mientras muchos destinos siguen debatiendo entre la tasa turística y la restricción de aforo —dos caminos que gestionan el síntoma, no la causa—, Copenhague ha demostrado con cifras que existe una tercera vía: incentivar en lugar de sancionar. Y, Canarias, sin plantearlo entonces para el turismo, ya llevaba tiempo poniendo a prueba esa misma mecánica a otra escala.
Ese giro tiene además una lectura de fondo que conecta con el momento regulatorio actual. La transición del turismo de volumen hacia un turismo de mayor calidad y menor impacto, que ya empieza a orientar las políticas turísticas en Canarias, encaja de forma natural con un modelo de recompensa: no se trata de recibir menos visitantes, sino de que cada estancia deje una huella más positiva en el territorio. Es la misma idea que sostiene CopenPay, aplicada a un contexto —el insular, el de dependencia turística estructural— donde acertar con el diseño importa todavía más.
Ese contexto tampoco es ajeno a los cambios normativos que ya afectan a la gestión de residuos en el archipiélago, donde administraciones, empresas y ciudadanía buscan fórmulas que concilien la protección del territorio con la actividad económica que de él depende. Un sistema de recompensa bien diseñado no sustituye esas políticas, pero puede convertirse en el mecanismo que las haga tangibles para quien visita la isla por primera vez y desconoce sus normas de reciclaje y de otras actividades sostenibles.
QUIÉN LLEGA PRIMERO A RESOLVERLO BIEN
La pregunta que deja abierta este contraste no es si premiar el comportamiento sostenible funciona —los números de Copenhague ya han respondido a eso— sino quién consigue construir primero la infraestructura necesaria para hacerlo bien en un territorio donde los márgenes de error son más estrechos que en una capital europea consolidada. modoBIM lleva ya tres años ensayando esa lógica de recompensa: primero con el vecino y el contenedor orgánico, a través de tokenMYs; ahora con el turista y la estancia, a través de HO2. Copenhague acaba de empezar a formular esa misma pregunta en voz alta, con la implantación de CopenPay.
Desde la visión de modoBIM creemos que, Canarias no necesita mirar a Dinamarca para saber que el camino existe: solo necesita terminar de construirlo
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