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DE LA ECOTASA AL INCENTIVO CIRCULAR: ¿Y SI EL TURISMO SOSTENIBLE NO FUERA SOLO PAGAR?


Del oro negro al oro verde
De la ecotasa al incentivo circular: ¿y si el turismo sostenible no fuera solo pagar?

UNA NUEVA FORMA DE IMPLICAR AL VIAJERO EN EL CUIDADO DEL DESTINO MEDIANTE IA, GAMIFICACIÓN Y MONEDAS VIRTUALES


El turismo sostenible ya no puede quedarse en una frase amable en la web de un hotel. Hoy es una cuestión de competitividad, confianza y supervivencia del destino. Para hoteles, apartamentos turísticos, restaurantes y negocios HORECA, la sostenibilidad ha dejado de ser solo una responsabilidad ética: empieza a ser una métrica económica.


Y aquí aparece una pregunta incómoda: ¿las ecotasas están ayudando realmente a transformar el comportamiento turístico o solo están añadiendo una nueva capa de coste?


Durante los últimos años, muchos destinos han apostado por tasas turísticas para compensar el impacto del visitante. La lógica parece sencilla: quien genera presión sobre el territorio debe contribuir a financiar servicios, infraestructuras y medidas ambientales. Pero este modelo tiene una limitación evidente: el viajero paga, aunque no necesariamente cambia sus hábitos.


Además, el establecimiento que separa residuos, mide su impacto, forma a su equipo o educa al huésped no siempre recibe un reconocimiento proporcional. En la práctica, una empresa comprometida puede quedar atrapada en el mismo sistema fiscal que otra que apenas cumple lo mínimo.


EL VIAJERO QUIERE SOSTENIBILIDAD, PERO TAMBIÉN QUIERE CONFIANZA


La demanda existe y es cada vez más clara. Según el informe de sostenibilidad turística de Booking.com, el 83% de los viajeros globales considera importante viajar de forma más sostenible y el 75% afirma que quiere hacerlo durante los próximos 12 meses. Estos datos muestran que el interés por viajar con menor impacto ya forma parte de las decisiones de consumo, aunque todavía existe una brecha entre intención, confianza y acciones verificables.


Por lo tanto, teniendo en cuenta estos datos, la oportunidad económica también es relevante. A escala global, Technavio estima que el mercado del turismo sostenible podría aumentar en torno a 3,14 billones de dólares entre 2026 y 2030, con una tasa anual compuesta cercana al 14%.


Estos datos son una referencia internacional, que confirma una tendencia clara: la sostenibilidad turística se está convirtiendo en un motor de competitividad.


Pero querer viajar mejor no significa que siempre sea fácil hacerlo. Muchos viajeros no saben qué alojamientos son realmente sostenibles, qué acciones tienen impacto o cómo distinguir una práctica seria de una simple campaña verde. Esto quiere decir que: “La confianza se ha convertido en una pieza crítica”.


Por eso, el futuro no estará solo en comunicar sostenibilidad, sino en demostrarla con datos. Ya no basta con decir “somos verdes”. Habrá que explicar qué se hace, cómo se mide y qué impacto genera.


ECOTASAS: RECAUDAN, PERO NO SIEMPRE TRANSFORMAN


La ecotasa tiene una virtud clara: recauda. Puede ayudar a financiar servicios públicos, transporte, limpieza, conservación ambiental o políticas de vivienda. Sin embargo, cuando se aplica sin mecanismos de incentivo, corre el riesgo de convertirse en una herramienta demasiado plana: todos pagan, pero no todos participan.


La presión fiscal turística ya es visible en muchos destinos europeos. Ámsterdam aplica una tasa turística del 12,5% sobre el precio del alojamiento, excluido el IVA, según la información oficial del Ayuntamiento. En París, la tasa varía por categoría y puede llegar hasta 15,60 euros por persona y noche en alojamientos con “Distinción Palace”, según la oficina oficial Paris je t’aime.


Estas cifras muestran que la fiscalidad turística se está consolidando como herramienta de gestión, pero también obligan a preguntarse si el sistema está incentivando cambios reales de comportamiento o solo incrementando el coste final de la estancia.


Para el hotelero, el impacto puede sentirse en indicadores clave como el ADR (tarifa media diaria) y el RevPAR (ingreso por habitación disponible), porque el cliente percibe el coste total de la estancia, no solo la parte que corresponde al alojamiento. Si una habitación sube de precio por impuestos o recargos, el margen comercial del establecimiento puede reducirse, aunque el viajero sienta que está pagando más por el mismo servicio.


HOTREC, la asociación europea de hoteles, restaurantes y cafés, ha advertido de que las tasas turísticas están creciendo con rapidez y que, en ciudades como Ámsterdam, la combinación de IVA y gravámenes turísticos podría superar el 33% de una factura hotelera. También señala que la interacción entre IVA, tasas turísticas, costes laborales y cargas regulatorias afecta de forma especial a pymes y comunidades rurales.


DE “QUIEN CONTAMINA PAGA” A “QUIEN PRESERVA GANA”


La solución no pasa necesariamente por eliminar todas las ecotasas. Muchos destinos necesitan recursos para gestionar mejor la presión turística. La cuestión es otra: ¿por qué no complementar la recaudación con incentivos que reconozcan comportamientos reales?


Aquí aparece el cambio de enfoque que defendemos desde modoBIM: pasar del modelo “quien contamina paga” a una lógica más movilizadora: “quien preserva gana”.


En lugar de tratar al viajero como un sujeto pasivo que paga una tasa, el modelo HO2 lo invita a participar. Si separa correctamente sus residuos, registra la acción y esta se valida, puede recibir MYs (se pronuncia “máis”), una moneda virtual asociada a acciones de impacto positivo.


La dinámica es sencilla: el huésped recicla, registra la evidencia en la app HO2, la inteligencia artificial ayuda a validar la acción y los MYs se acumulan como recompensa. Después, esos MYs pueden utilizarse para acceder a planes locales, experiencias sostenibles, actividades culturales o propuestas de turismo con propósito.


Aunque el reciclaje es una puerta de entrada muy clara, el potencial de una moneda virtual sostenible como los MYs va mucho más allá de la separación de residuos. También podría utilizarse para reconocer otros comportamientos positivos durante la estancia: reducir el consumo de agua, ahorrar energía, reutilizar toallas, evitar cambios innecesarios de sábanas, utilizar movilidad sostenible, participar en actividades locales responsables o elegir planes con menor impacto ambiental.


“La moneda virtual deja de ser solo una recompensa por reciclar y se convierte en una herramienta para activar hábitos sostenibles en distintos momentos del viaje.”


Esta visión permite pasar de una acción aislada a un ecosistema completo de incentivos. Cuantas más acciones puedan medirse y validarse, mayor será la capacidad del destino para generar datos útiles, premiar buenas prácticas y construir una cultura turística más responsable.


LA IA COMO ALIADA DE LA TRAZABILIDAD


La inteligencia artificial no debe entenderse aquí como una capa decorativa. Su papel puede ser muy práctico: ayudar a reconocer materiales, validar evidencias, detectar patrones de participación y reducir la carga manual de comprobación.


En alojamientos turísticos, donde el personal no puede supervisar cada gesto del huésped, esta capacidad es especialmente útil. La IA permite transformar pequeñas acciones diarias en datos estructurados: residuos separados, participación por estancia, frecuencia de uso, tipos de materiales o evolución del comportamiento.


Esa información puede alimentar paneles de control con indicadores ambientales, sociales y de gobernanza, los conocidos datos ESG. Para una empresa HORECA, esto significa pasar de una sostenibilidad basada en declaraciones a una sostenibilidad apoyada en evidencias.


El beneficio no es solo reputacional. También puede ayudar a preparar auditorías, mejorar procesos internos, diseñar campañas de sensibilización y diferenciarse ante un viajero cada vez más exigente. Cuando los datos se organizan bien, la sostenibilidad deja de ser un coste difuso y se convierte en una herramienta de gestión.


HACIA UN MODELO HÍBRIDO MÁS JUSTO


El gran salto sería que estos datos también sirvieran para mejorar la política pública. Imaginemos un modelo en el que un alojamiento que demuestra altos niveles de separación de residuos, participación del huésped y trazabilidad ambiental pueda acceder a bonificaciones, reconocimientos o reducciones vinculadas a tasas locales.


La ecotasa seguiría financiando necesidades colectivas, pero los incentivos permitirían distinguir entre quien simplemente paga y quien además contribuye a preservar el destino.


Esto ayudaría a resolver una tensión cada vez más evidente: no todos los impactos turísticos son iguales y no todos los actores se comportan igual. Un modelo basado en datos permitiría premiar mejor el esfuerzo real, sin depender únicamente de declaraciones o sellos difíciles de comprobar.


CANARIAS COMO LABORATORIO DE TURISMO REGENERATIVO


En territorios turísticos como Canarias, esta conversación es especialmente relevante. Somos destino, pero también territorio frágil. La presión sobre residuos, agua, energía, paisaje y convivencia local exige herramientas más inteligentes que la simple recaudación.


HO2 puede funcionar como un laboratorio para ensayar otro tipo de relación entre viajero, alojamiento y destino. Una relación donde la sostenibilidad no se impone solo como tasa, sino que se activa como experiencia compartida.


La sostenibilidad turística del futuro no debería basarse únicamente en pagar por el impacto generado. Debería reconocer, medir y recompensar a quienes ayudan a reducirlo.


Porque quizá la pregunta ya no sea cuánto debe pagar una persona por visitar un destino, sino cómo podemos invitarla a cuidarlo mejor.


Ahí empieza el verdadero cambio: pasar de la ecotasa como carga a la sostenibilidad como experiencia compartida.

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