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EL PUEBLO QUE DEVOLVIÓ 237.789 ENVASES EN TRES MESES

14 oct
5 min de lectura

Del oro negro al oro verde
El pueblo que devolvió 237.789 envases en tres meses.

SANGÜESA PUSO A PRUEBA UN SISTEMA QUE ESPAÑA TENDRÁ QUE IMPLANTAR. PERO SU MAYOR ENSEÑANZA NO ESTÁ EN EL NÚMERO DE ENVASES RECUPERADOS, SINO EN CÓMO CONSIGUIÓ MEDIRLOS.


🎧 Resumen en 1 minuto

Escucha las claves del artículo.



Sangüesa/Zangoza, en Navarra, tiene unos 5.000 habitantes. Durante tres meses del verano de 2025, diez comercios voluntarios y dos máquinas de devolución recogieron 237.789 latas y botellas.


La cifra impresiona. Pero no es lo más interesante.


España debe poner en marcha un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) para determinados envases de bebidas. Y mientras el calendario corre, este pequeño municipio navarro ya ha hecho algo mucho más sencillo: probarlo.

Y, sobre todo, medir qué ocurrió.


EL PUEBLO QUE DEVOLVIÓ 237.789 ENVASES EN TRES MESES


El SDDR introduce una idea fácil de entender: al comprar una bebida se paga un pequeño depósito asociado al envase y, cuando se devuelve, se recupera ese dinero.

La normativa española establece que el depósito debe ser de al menos 10 céntimos por envase. El objetivo es conseguir que botellas y latas vuelvan al sistema en lugar de acabar mezcladas con otros residuos o abandonadas.


Navarra decidió probar el modelo y Sangüesa ofrecía una escala suficientemente pequeña como para observar qué pasaba.


Durante la experiencia entraron 237.789 envases en las máquinas. Sin embargo, ese número no fue el utilizado directamente para calcular el porcentaje de retorno.


Se detectaron alrededor de 71.000 envases que no estaban adheridos al depósito. Para obtener el porcentaje real se compararon los 166.767 envases devueltos que sí formaban parte del sistema con aproximadamente 203.000 puestos en el mercado con depósito.


Resultado: 82 % de retorno, por encima del 77 % previsto.


Además, se detectó un 56 % menos de botellas y latas en el contenedor de resto y un 44 % menos en el amarillo. También mejoró un 6 % la calidad del material que seguía llegando a este último.


Hasta aquí, todo parece apuntar en una dirección. Pero un buen piloto no es el que solo confirma lo que queríamos escuchar.


LO IMPORTANTE NO ES SOLO MEDIR, SINO EXPLICAR CÓMO HAS MEDIDO


Esta es probablemente la parte de Sangüesa que más nos interesa en modoBIM.

Antes, durante y después de la experiencia se realizaron caracterizaciones periódicas de los contenedores de resto y de envases ligeros.


Dicho sin lenguaje técnico: se abrieron bolsas y se comprobó qué había realmente dentro.


Eso permitió establecer una línea base y comparar después qué estaba cambiando. También permitió detectar miles de envases que entraban en las máquinas sin formar parte realmente del depósito.


Parece un detalle, pero cambia mucho las cosas.


Porque un piloto puede generar un titular espectacular y, al mismo tiempo, estar midiendo mal.


Sangüesa deja otra lección: publicar la cifra bruta no debería impedir publicar también la ajustada.


237.789 envases pasaron por las máquinas. 166.767 fueron envases con depósito utilizados para calcular el retorno.


Las dos cifras cuentan cosas diferentes y necesitamos ambas para entender lo sucedido.

También conviene mantener prudencia con otros resultados. El operador técnico del piloto, Iparplast, señaló que el PET recuperado mediante SDDR podía alcanzar precios próximos a 600 euros por tonelada, frente a unos 155 euros en otras subastas.


Es un dato interesante, pero procede del propio operador. Y decir quién aporta una cifra también forma parte de medir bien.


LOS BUENOS RESULTADOS NO CIERRAN EL DEBATE


El piloto tuvo resultados positivos, pero eso no significa que haya resuelto todas las dudas.


La experiencia costó 262.279 euros. UPN calculó un coste aproximado de 1,10 euros por envase recogido y reclamó una memoria económica detallada antes de extender el modelo.


También se plantearon dudas sobre la escala.


Sangüesa es un municipio pequeño. Una máquina necesita limpieza, mantenimiento, desbloqueos y supervisión. Los comercios participantes también asumen tareas administrativas y logísticas.


¿Funcionaría igual en una gran ciudad?


No lo sabemos. Y precisamente por eso existen los pilotos.


El error sería pedirle a una prueba de tres meses que demuestre cómo funcionará todo un sistema nacional. Su función debería ser identificar qué funciona, qué falla y qué tendremos que medir en la siguiente escala.


El Gobierno navarro estimó que extender el sistema a toda Navarra supondría unos 8 millones de euros, con una aportación pública de entre 2,5 y 3 millones.


Son estimaciones del propio Gobierno y todavía necesitan contraste.


Podemos mantener dos ideas al mismo tiempo: Sangüesa obtuvo resultados ambientales interesantes y todavía quedan cuestiones económicas y operativas importantes por resolver.


No hay contradicción. Hay aprendizaje.


ESPAÑA TIENE EL RELOJ EN MARCHA


Mientras Navarra debate cómo escalar la experiencia de Sangüesa, el despliegue estatal avanza mucho más despacio.


La normativa establece que, una vez constatado el incumplimiento de los objetivos de recogida separada, los productores disponen de dos años desde la notificación para poner en funcionamiento el SDDR.


El problema es que estamos en octubre de 2026 y los operadores todavía no han sido autorizados.


Y ahora hay un elemento nuevo.


El 5 de octubre se convocaron elecciones generales para el 29 de noviembre y quedaron disueltos el Congreso y el Senado.


La obligación de implantar el SDDR no desaparece por ello ni se paralizan automáticamente los procedimientos administrativos en marcha. Pero el calendario institucional añade una dificultad evidente: el plazo para poner en funcionamiento el sistema llega precisamente cuando España entra en pleno proceso electoral.


Hasta las elecciones, el Gobierno mantiene sus competencias. Después quedará en funciones hasta la formación del siguiente Ejecutivo.


Cualquier cuestión que todavía requiera nuevas decisiones regulatorias tendrá que convivir con ese periodo de transición.


La situación resulta difícil de ignorar.


Tenemos experiencias como Sangüesa que ya permiten analizar cómo responde la ciudadanía, qué ocurre con los residuos y qué problemas aparecen.


Al mismo tiempo, el despliegue nacional llega a su fecha límite sin operadores autorizados y con unas elecciones generales de por medio.


Y montar un sistema que afectará a millones de consumidores, miles de establecimientos, logística, sistemas informáticos y campañas de información difícilmente parece algo que pueda improvisarse.


DE SANGÜESA A LA FORMA DE TRABAJAR DE MODOBIM


En modoBIM llevamos tiempo trabajando con pilotos, pruebas y procesos de innovación en los que medir bien es tan importante como tener una buena idea.


Por eso Sangüesa nos deja cuatro recordatorios.


Primero, necesitamos una línea base. Si no sabemos qué ocurría antes, será difícil demostrar qué hemos cambiado.


Segundo, necesitamos contar la cifra completa. La espectacular y la incómoda. La bruta y la ajustada.


Tercero, debemos hablar también de costes. Un piloto puede funcionar técnicamente y no ser viable económicamente.


Y cuarto, la fricción importa. Si participar exige demasiado esfuerzo, demasiados desplazamientos o demasiados pasos, incluso una buena idea puede perder eficacia.

Quizá esa sea la verdadera noticia.


Un municipio de 5.000 habitantes consiguió devolver cientos de miles de envases. Pero, sobre todo, dejó suficientes datos para entender qué funcionó, cuánto costó, qué límites aparecieron y qué habría que mejorar antes de escalar.


UN BUEN PILOTO NO ESTÁ PARA CONFIRMAR UNA INTUICIÓN, SINO PARA PONERLA A PRUEBA


Y eso implica aceptar que los resultados pueden reforzar una idea, matizarla o incluso obligarnos a cambiarla.


En modoBIM intentamos aplicar precisamente esa lógica: probar, medir, cuestionar el resultado y volver a ajustar.


Porque innovar no consiste solo en conseguir que algo funcione.


Consiste también en entender por qué funciona, cuánto cuesta y si puede seguir funcionando cuando dejamos de estar en condiciones de laboratorio.

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