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TRANSPORTE PÚBLICO, MOVILIDAD SOSTENIBLE Y VMP


Del oro negro al oro verde
Transporte público, movilidad sostenible y VMP

8 CIUDADES QUE NOS RECUERDAN QUE EL FUTURO NO CONSISTE SOLO EN MOVERSE, SINO EN MOVERSE MEJOR


Durante mucho tiempo, hablar de movilidad fue casi lo mismo que hablar de coches, carreteras y atascos. Hoy esa mirada se ha quedado pequeña. La movilidad sostenible se ha convertido en una conversación mucho más amplia: salud pública, espacio urbano, accesibilidad, energía, digitalización y calidad de vida. ¡No es casualidad!

En la Unión Europea, el transporte representó aproximadamente el 28,9 % de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2022, y además sigue siendo uno de los sectores que más dificultad tiene para bajar su huella.


El problema se concentra especialmente en las ciudades. Más del 70 % de la población de la UE vive en áreas urbanas, y esas áreas generan el 23 % de las emisiones del transporte. Por eso, cuando hablamos de guaguas, tranvías, metro, bicicletas o vehículos de movilidad personal (VMP), no estamos hablando solo de transporte: estamos hablando del tipo de ciudad que estamos construyendo.


Y aquí hay un dato que conviene no perder de vista: la carretera sigue siendo el gran centro de gravedad del problema. La Comisión Europea recuerda que el transporte por carretera representa alrededor del 70 % de las emisiones del transporte en la UE. Dicho de otra forma: no basta con cambiar motores; hay que cambiar el reparto del espacio, las prioridades y, en muchos casos, la cultura urbana.


TRES DATOS PARA ENTENDER POR QUÉ ESTA CONVERSACIÓN YA NO PUEDE ESPERAR


Antes de entrar en ciudades concretas, merece la pena detenerse en tres indicadores que ayudan a poner el debate en contexto:


  • El transporte sigue pesando casi un tercio de las emisiones climáticas europeas.

  • Las áreas urbanas concentran una parte clave del reto, porque allí vive la mayoría de la población europea y allí se decide buena parte del modelo de movilidad diaria.

  • La movilidad sostenible no puede apoyarse solo en el coche, aunque sea eléctrico, porque la lógica del problema no es solo energética: también es espacial, social y urbana.


Por lo tanto, la movilidad ya no puede tratarse como un servicio aislado, sino como un eje de resiliencia urbana, regulación, electrificación e integración tecnológica.


OCHO CIUDADES, OCHO SEÑALES DE HACIA DÓNDE VA LA MOVILIDAD


Canarias: el laboratorio donde no vale copiar sin adaptar


Santa Cruz de Tenerife: planificar mejor para empezar a respirar mejor

Santa Cruz de Tenerife está en un punto muy revelador. Su Plan de Movilidad Urbana Sostenible plantea una ciudad más respetuosa con el medio ambiente y con mayor equilibrio entre modos de desplazamiento. Además, el propio marco municipal de movilidad sigue evolucionando para integrar de forma más coherente bicicletas, VMP, reparto urbano y movilidad compartida.


La señal positiva es clara: hay diagnóstico, hay planificación y hay conciencia de que la ciudad necesita cambiar. La carencia también lo es: entre tener un plan y transformar de verdad la calle hay una distancia enorme. Santa Cruz sigue enfrentándose al mismo reto que muchas ciudades insulares: dependencia del coche, presión sobre el espacio y dificultad para hacer visibles los cambios con suficiente rapidez.


Las Palmas de Gran Canaria: cuando la ciudadanía responde, pero el sistema aún pide más

Las Palmas ofrece una señal especialmente interesante para Canarias. Guaguas Municipales incorporó en 2025 diez nuevos vehículos 100 % eléctricos para mejorar conexiones con barrios de la ciudad, y además cerró 2025 con nuevas cifras récord de viajeros, consolidando su modelo de movilidad sostenible.


Eso importa mucho, porque desmonta un argumento repetido hasta el cansancio: que la ciudadanía no usa el transporte público. Lo usa cuando funciona mejor. Ahora bien, electrificar la flota no basta por sí sola. Si la guagua sigue atrapada en el tráfico, si la intermodalidad sigue siendo débil o si el tiempo de viaje no compite, el salto sigue siendo incompleto. La sostenibilidad no es solo qué vehículo usamos, sino qué sistema hacemos posible.


España: cuando la movilidad exige decisiones de ciudad, no solo tecnología


Madrid: descarbonizar a gran escala también obliga a cuidar la experiencia cotidiana

Madrid ha seguido avanzando en la electrificación del autobús urbano. En julio de 2025 la EMT alcanzó una flota de 450 autobuses eléctricos y 45 líneas 100 % electrificadas, cifra que siguió creciendo después con nuevas licitaciones. A eso se suma una red de metro que mantiene la accesibilidad como prioridad estructural.


Madrid demuestra que una gran capital sí puede generar cambios significativos cuando apuesta en serio por la descarbonización. Pero también muestra el límite de una visión puramente técnica. La transición no se gana solo con más vehículos limpios. Se gana cuando la experiencia diaria mejora: frecuencia, accesibilidad, comodidad, conexión con otros modos y percepción de que dejar el coche no significa perder libertad.


Barcelona: movilidad saludable, inteligente y también más valiente

Barcelona lleva años haciendo algo que muchas ciudades todavía esquivan: tratar la movilidad como una política de salud urbana y de transformación del espacio público. Su PMU 2024 se articula en torno a cinco ejes —movilidad segura, sostenible, saludable, equitativa e inteligente— e incluye de forma explícita la movilidad en bicicleta y VMP, el transporte público y la integración de redes.


Ese enfoque tiene mucho valor porque no presenta la bici, el transporte público o los VMP como piezas sueltas, sino como parte de una misma ciudad. La incomodidad aparece donde siempre: redistribuir espacio genera resistencia. Pero justamente ahí está la prueba de que la política de movilidad está entrando en lo importante y no solo en lo cosmético.


Vitoria-Gasteiz: una ciudad media también puede enseñar mucho

Vitoria-Gasteiz no suele ocupar tantos titulares como Madrid o Barcelona, pero sigue siendo una referencia útil. Su Plan de Movilidad Sostenible y Espacio Público incorpora indicadores de reparto modal, revisión de ordenanzas y una lógica muy clara de ciudad más caminable, más próxima y menos dependiente del coche.


Para Canarias, esto tiene una lectura especialmente interesante: no siempre hacen falta grandes infraestructuras para mejorar la movilidad. A veces hace falta continuidad, claridad y una visión urbana donde el transporte público, el peatón y la movilidad activa no compitan entre sí, sino que se refuercen.


Europa: inspiración útil, pero sin caer en la copia automática


París: la bicicleta deja de ser un gesto y se convierte en infraestructura

París ha consolidado una apuesta muy fuerte con su Plan Vélo 2021-2026. La ciudad plantea una capital “100 % ciclable” y el plan incluye nuevas infraestructuras, ampliación del aparcamiento seguro y consolidación del ecosistema ciclista. En el plan se mencionan, entre otros objetivos, 130 km de nuevas pistas seguras y la ampliación masiva del aparcamiento para bicicletas.


La lección de París no es solo que la bicicleta gana terreno. Es que cuando una ciudad invierte de forma sostenida, cambia hábitos. La advertencia también es importante: una ciudad con más bicis, más peatones y más VMP necesita reglas claras de convivencia, o corre el riesgo de convertir una buena idea en una nueva fuente de conflicto urbano.


Copenhague: la fuerza de tener una meta nítida

Copenhague no es solo una “ciudad de bicicletas”. Es una ciudad que tiene una dirección clara. Su planificación municipal mantiene el objetivo de que al menos el 75 % de los viajes se hagan a pie, en bici o en transporte público, dejando el coche en un máximo del 25 %. Además, la ciudad sigue defendiendo la bicicleta como eje estructural de su movilidad cotidiana.


Ese es quizá el aprendizaje más potente: la movilidad sostenible necesita metas comprensibles. Sin una visión clara, las medidas se vuelven aisladas. Con una visión clara, la infraestructura, la cultura y la política terminan alineándose mejor.


Viena: integrar bien también es innovar

Viena aporta una lección especialmente práctica. Su ecosistema WienMobil combina transporte público con soluciones compartidas y una experiencia más integrada para el usuario. A la vez, el abono anual sigue siendo una herramienta potente para fidelizar al transporte público: el pase digital anual para Viena válido desde enero de 2026 parte de 461 euros.


Aquí la innovación no se presenta como espectáculo, sino como facilidad de uso. Y eso es muy relevante para Canarias: integrar mejor puede ser tan transformador como construir más.


¿Y LOS VMP? NI VILLANOS NI SALVADORES


Los vehículos de movilidad personal ya forman parte del paisaje urbano y de la conversación sobre movilidad. En España, la DGT exige que los VMP comercializados desde el 22 de enero de 2024 dispongan de certificado, y establece que los comercializados antes de esa fecha podrán circular hasta el 22 de enero de 2027 aunque no lo tengan. Después, solo podrán hacerlo los certificados.


Este dato es importante porque ordena el debate. El problema no es si los patinetes existen o no. El problema es si la ciudad está preparada para integrarlos con seguridad, regulación coherente e infraestructuras que eviten conflictos con peatones, bicis y transporte público.


LO QUE TODAVÍA FALTA


Si algo dejan claro estas ocho ciudades es que sí, hay avances. Más electrificación, más planificación, más digitalización, más conciencia pública. Pero también persisten las carencias: dependencia del coche, integración incompleta, accesibilidad desigual y poca valentía para redistribuir de verdad el espacio urbano.


Esta lectura es clave, cuando hablamos de electrificación, política tarifaria e integración como parte de un cambio estructural y no opcional.


La movilidad sostenible no será creíble si solo cambia el motor y deja intacto el modelo.


El verdadero salto llegará cuando resulte más fácil, más cómodo y más lógico caminar, coger la guagua, usar tranvía, metro, bici o VMP que seguir resolviendo todo con el coche privado.


CANARIAS TIENE UNA OPORTUNIDAD QUE NO DEBERÍA DEJAR PASAR


Canarias no necesita copiar sin más a Madrid, París o Copenhague. Necesita construir su propia versión de la movilidad sostenible: insular, conectada, accesible y realista. Una movilidad que entienda la presión turística, la complejidad territorial y la necesidad de ganar calidad de vida sin perder funcionalidad.


Porque al final no se trata solo de contaminar menos. Se trata de vivir mejor.


Y esa diferencia lo cambia todo.

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