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EL MUNDO AL REVÉS. LA INEXISTENCIA DEL CAMBIO CLIMÁTICO


Del oro negro al oro verde
El mundo al revés. La inexistencia del cambio climático

NO ES DEBATE: ES ESTRATEGIA. Y EUROPA AÚN PUEDE JUGAR FUERTE


Hay un momento, cada vez más frecuente, en el que una parte del debate público parece vivir en una dimensión paralela: como si el cambio climático fuese una opinión, una moda o un invento. Lo llamativo no es solo que existan voces negacionistas (eso, por desgracia, no es nuevo), sino que ciertas decisiones políticas y económicas empiezan a comportarse como si el problema no existiera… justo cuando los impactos son más visibles, más caros y más difíciles de ignorar.


Y aquí viene la ironía: mientras el clima aprieta, el tablero geopolítico se mueve en dirección contraria. Países que lideraban (o decían liderar) la acción climática se alejan, y otros —por intereses estratégicos, industriales y de seguridad energética— ocupan ese espacio. El mundo al revés.


En este post quiero polemizar, sí. Pero no para recrearnos en el desastre, sino para entender qué está pasando, qué narrativas nos están ganando la partida y, sobre todo, qué alternativas realistas tenemos para no caer en el pesimismo.


LA PARADOJA DE 2025-2026: TECNOLOGÍA DISPONIBLE, POLÍTICA FRAGMENTADA


Vivimos un momento extraño: tenemos herramientas energéticas más maduras que nunca (renovables accesibles y asequibles, baterías que no paran de mejorar, y un avance de la electrificación que parece imparable), pero la política internacional está más fragmentada que nunca y cada vez más proteccionista. Esa tensión, tecnología lista versus gobernanza en disputa, define nuestro presente.


Y en medio, otra realidad que suele quedar fuera del foco: la adaptación.


Antes de continuar, toca clarificar… ¿Qué es la “Adaptación”?


Básicamente, significa prepararnos para vivir con los impactos que ya están ocurriendo (y los que vienen), reduciendo daños y protegiendo a la gente, la economía y los ecosistemas.


Nos obsesionamos (con razón) con reducir emisiones, pero el mundo está dramáticamente infrafinanciado para protegerse de los impactos que ya son inevitables. En este sentido hay una realidad inapelable: “la financiación para la adaptación del ecosistema se estanca y deja un déficit enorme; sin adaptación, el sufrimiento humano se dispara, aunque la mitigación avance”.


Esta es la primera gran idea incómoda: no basta con “hacer la transición”. Hay que hacerla sin dejar a la gente atrás y sin exponer territorios enteros a un clima que ya ha cambiado o está cambiando.


ESTADOS UNIDOS: DE MOTOR (IMPERFECTO) A FRENO EXPLÍCITO


Estados Unidos siempre fue un actor climático ambivalente: capaz de impulsar innovación y, a la vez, bloquear acuerdos cuando cambia el ciclo político. Pero lo que estamos viendo desde 2025-2026 se parece más a una retirada consciente del liderazgo.


Por ejemplo, en enero de 2025 se publicó una acción presidencial que instruye la retirada de EE. UU. del Acuerdo de París y de sus compromisos bajo la Convención Marco de la ONU sobre cambio climático.


¿Significa esto que EE. UU. “abandona” toda acción climática? No necesariamente: estados, ciudades, empresas e inversores pueden seguir empujando. Pero sí implica algo muy concreto: la señal política federal se vuelve errática, y eso enfría inversión, cooperación internacional y credibilidad.


Y cuando un “líder” se retira, alguien ocupa el hueco.


CHINA: LIDERAZGO CLIMÁTICO… ¿POR CONVICCIÓN O POR INDUSTRIA?


Aquí hay que evitar el análisis simplón. China no se convierte en “líder climático” por altruismo. Lo hace porque la transición energética es política industrial, competitividad y seguridad energética. Y porque quien controle cadenas de valor (paneles, baterías, redes, vehículos) controlará el siglo XXI.


La Agencia Internacional de la Energía (IEA) señala que la inversión de China en energía limpia superó los 625.000 millones de dólares en 2024, casi el doble que en 2015, y que el país alcanzó su objetivo de capacidad eólica y solar, prevista para el año 2030, en 2024, seis años antes.


Además, análisis como el de Ember describen el fuerte salto de capacidad eólica y solar en los últimos años y el papel central de China en la aceleración global.

A día de hoy, China está demostrando que la transición puede ser una estrategia de país: inversión, cadena de suministro, escala, aprendizaje… y después influencia.

Ahora bien: esto abre una discusión incómoda en Europa y Occidente: si la transición depende de equipos y materiales fabricados fuera, ¿qué pasa con la autonomía industrial? Y si respondemos con aranceles y barreras, ¿encarecemos la transición y la ralentizamos?


LA UNIÓN EUROPEA: ¿LIDERAR O RESISTIR?


Europa sigue siendo, con diferencia, el bloque con arquitectura climática más completa: objetivos, regulación, mercado de carbono, estándares, reporte corporativo… y una narrativa histórica de liderazgo.


Pero Europa también vive una tensión interna real: competitividad, costes energéticos, presión social y el miedo al “vaciado industrial”. Por eso, más que discursos, lo que importa es cómo se diseña la siguiente fase.


Un ejemplo clave es el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM): la Comisión Europea explica que tras una fase transitoria 2023-2025, el régimen “definitivo” será de aplicación desde 2026. Esto no es un detalle técnico: es un intento de evitar la “fuga de carbono” y proteger a la industria europea que descarboniza frente a importaciones más baratas y sucias.


Y en paralelo, Europa está reforzando su horizonte: la Comisión propuso un objetivo 2040 del 90% de reducción neta y su propia página institucional indica que en diciembre de 2025 se alcanzó un acuerdo político provisional para ese objetivo legalmente vinculante.


La pregunta no es si Europa “tiene planes”. La pregunta es si Europa tendrá el pulso político para sostenerlos cuando la situación se vuelva cada vez más complicada.


LA BRECHA DE LA ADAPTACIÓN Y LA ECONOMÍA DEL SUFRIMIENTO


Volvamos a lo que casi nadie quiere poner en portada: aunque mañana bajáramos emisiones sin contemplaciones, ya hay impactos en marcha o cuasi imparables.


A continuación, se muestran algunos datos difíciles de ignorar:


NOTA. Página 38 del archivo pdf asociado al enlace destacado.


  • Pero la inversión privada apenas entra: se menciona que solo un 2% del capital privado va a adaptación.


Esto es el “mundo al revés” en versión financiera: invertimos donde hay modelo de negocio rápido, y dejamos infrafinanciado lo que salva vidas.

Si Europa quiere liderar con credibilidad, no puede limitarse a “mitigación + industria”. Tiene que impulsar seriamente un nuevo pacto de adaptación: financiación, infraestructuras, planificación urbana, agua, agricultura, sistemas de alerta, resiliencia costera. Y hacerlo también por interés propio, porque Europa ya está viviendo los impactos climáticos.


ENTONCES… ¿QUÉ PUEDE HACER EUROPA PARA SEGUIR LIDERANDO?


Partiendo de una argumentación con sentido, hay cinco líneas realistas para sostener liderazgo climático en un mundo más hostil que nunca:


  1. Convertir clima en competitividad (sin cinismo): redes de infraestructuras modernas, soluciones de almacenamiento de energía de última generación y la optimización de la electrificación industrial. El liderazgo no se mantiene con acciones superficiales; se mantiene con resultados.

  2. CBAM + estándares + trazabilidad: si Europa pone reglas claras, el mercado se adapta. Eso sí: que no sea un laberinto burocrático que mate a las pymes.

  3. Cerrar la brecha de adaptación con instrumentos nuevos: garantías públicas, seguros climáticos, bonos de resiliencia, compras públicas orientadas a adaptación. Si el sector privado no entra, hay que cambiar incentivos (y exigir).

  4. Transición justa de verdad: si el coste social lo pagan siempre los mismos, el rechazo político está garantizado. La transición necesita justicia social para sobrevivir electoralmente.


Alianzas pragmáticas y selectivas: el mundo se fragmenta; Europa debe tejer coaliciones climáticas con países y regiones que quieran afrontar la situación a largo plazo, sin depender de un único “líder” global.


LA LLAMADA INCÓMODA PERO NECESARIA


Negar el cambio climático hoy no es solo anti-ciencia: es anti-economía, anti-seguridad y anti-futuro. Lo más peligroso es que esa negación ya no siempre viene en forma de discurso; viene en forma de decisiones.


En nuestra opinión, toca que cambiemos el enfoque centrado en el miedo y pasar a una visión marcada por el diseño.


Diseñar políticas que aguanten ciclos políticos. Diseñar mercados que premien lo limpio sin afecciones a la ciudadanía. Diseñar adaptación con el mismo prestigio que la mitigación. Y diseñar innovación con impacto, no solo con titulares.


Porque si el mundo se pone del revés, más nos vale tener algo sólido a lo que agarrarnos: datos, estrategia y comunidad.

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