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MENOS OBLIGACIÓN LEGAL, LA MISMA PRESIÓN COMERCIAL

23 sept
5 min de lectura

Actualizado: 29 sept


Del oro negro al oro verde
Menos obligación legal, la misma presión comercial.

EUROPA REDUCE LA CARGA ESG SOBRE LAS EMPRESAS MÁS PEQUEÑAS. PERO TENER DATOS AMBIENTALES FIABLES SEGUIRÁ SIENDO UNA VENTAJA PARA VENDER, FINANCIARSE Y DEMOSTRAR IMPACTO.


Europa está intentando corregir uno de los efectos secundarios más incómodos de la regulación sobre sostenibilidad: que una pequeña empresa termine soportando, indirectamente, exigencias pensadas para organizaciones mucho mayores.


Esta semana, concretamente, el 24 de septiembre de 2026 entra en vigor el Reglamento Delegado (UE) 2026/1560, que establece un estándar voluntario de información sobre sostenibilidad y pone límites a determinados datos que las grandes compañías pueden trasladar hacia abajo en su cadena de valor.


Traducido a algo más cotidiano: ser proveedor de una gran empresa no debería significar recibir cuestionarios ESG cada vez más largos, técnicos y caros de responder.


Es una buena noticia.


Pero tiene una segunda lectura especialmente interesante para las pymes: que un dato deje de ser obligatorio no significa que deje de ser útil. Ni para vender, ni para conseguir financiación, participar en determinadas licitaciones o demostrar que una acción ambiental realmente ha ocurrido.


Ahí está la paradoja.


MENOS OBLIGACIÓN LEGAL, LA MISMA PRESIÓN COMERCIAL


El objetivo europeo es reducir la carga administrativa que las obligaciones de sostenibilidad estaban trasladando, directa o indirectamente, a las empresas más pequeñas.


La nueva regulación establece un marco voluntario para empresas que quedan fuera de las principales obligaciones de reporte y fija límites a la información que una gran organización puede solicitar a determinadas compañías de su cadena de valor.


Además, para las empresas con diez asalariados o menos, algunos de los datos ambientales más complejos pasan a tener carácter voluntario. Entre ellos aparecen el consumo total de energía, las emisiones estimadas de gases de efecto invernadero de alcance 1 y 2 o la extracción total de agua.


La lógica tiene sentido. Una microempresa no dispone normalmente de un departamento de sostenibilidad ni de recursos para responder cada año a múltiples cuestionarios diferentes.


Reducir esa burocracia parece, por tanto, un paso lógico. Pero no elimina la necesidad de conocer lo que ocurre dentro de la empresa.


LO VOLUNTARIO TAMBIÉN PUEDE SER IMPORTANTE


Imaginemos una pequeña empresa canaria que trabaja para una cadena hotelera.

Puede que la normativa ya no obligue a esa empresa a producir determinados indicadores ambientales. Incluso puede que existan límites claros sobre la información que su gran cliente puede exigirle dentro del reporte de sostenibilidad.

Pero la relación comercial sigue ahí.


La cadena hotelera puede estar intentando reducir su consumo de agua, mejorar la gestión de residuos o disminuir las emisiones relacionadas con sus proveedores. En ese contexto, saber qué está haciendo cada empresa de la cadena de suministro continúa teniendo valor.


Lo mismo puede suceder cuando una pyme intenta acceder a financiación, presenta una oferta para una licitación o quiere trabajar con una compañía que tiene sus propios objetivos de sostenibilidad.


La obligación normativa puede desaparecer mientras la necesidad empresarial permanece.


Por eso conviene separar dos conceptos: una cosa es reportar porque una norma obliga a hacerlo. Otra es medir porque esa información ayuda a tomar decisiones o demostrar algo.


DEL INFORME ANUAL AL DATO GENERADO MIENTRAS OCURRE


Durante años hemos asumido una forma bastante poco eficiente de medir la sostenibilidad.


Primero hacemos las cosas. Y meses después intentamos reconstruir qué ocurrió.

¿Cuánta energía consumimos? ¿Cuántos residuos se separaron? ¿Cuánta agua utilizamos? ¿Qué acciones sostenibles se realizaron realmente?

Entonces comienza la búsqueda: facturas, Excel, fotografías, correos, formularios y estimaciones.


¿Y si el dato se generase mucho antes?


Ese es uno de los aprendizajes que hemos trabajado en modoBIM con tokenMYs y que seguimos explorando con HO2: intentar que determinadas acciones ambientales puedan dejar una evidencia digital desde el momento en que ocurren.


No significa sustituir una auditoría cuando sea necesaria. Tampoco que cualquier dato digital sea automáticamente fiable.


La idea es más sencilla: reducir la distancia entre “hemos hecho algo” y “podemos demostrar qué hemos hecho”.


Una acción puede incorporar información asociada a una fecha, una actividad, una ubicación cuando sea relevante, una evidencia o un proceso de validación. Así, parte de la información ambiental deja de reconstruirse al final del año y empieza a generarse durante la propia actividad.


Para una empresa pequeña, la diferencia puede ser enorme.


EL DATO AMBIENTAL PUEDE CONVERTIRSE EN INFRAESTRUCTURA


Este cambio resulta especialmente interesante para territorios como Canarias.

Una gran parte de nuestro tejido empresarial está formado por pequeñas empresas vinculadas al turismo, la construcción, el comercio, la movilidad, los eventos o los servicios.


Muchas nunca estarán obligadas a elaborar un gran informe de sostenibilidad. Pero eso no significa que estén fuera de las cadenas de valor de organizaciones que sí necesitan demostrar avances ambientales.


Un pequeño proveedor puede trabajar para un hotel. Una empresa de transporte, para un evento. Un comercio puede integrarse en una experiencia turística.


En todos esos casos, disponer de información sencilla y verificable puede convertirse en una ventaja. No porque Bruselas obligue a producirla, sino porque puede ayudar a responder mejor cuando alguien la necesita.


Aquí aparece una oportunidad interesante: pasar de entender el dato ambiental como burocracia a tratarlo como una pequeña infraestructura de la empresa. Algo que se genera, se conserva y puede utilizarse cuando aporta valor.


¿QUÉ DEBERÍA HACER UNA PYME AHORA?


Lo primero es identificar quién está solicitando información ambiental y por qué.

No es lo mismo responder a una obligación normativa que cumplir una condición comercial, acreditar una mejora para una financiación o presentar evidencias dentro de una licitación.


Lo segundo es comprobar qué información ya existe. Muchas empresas tienen más datos ambientales de los que creen. Los consumos de electricidad, combustible o agua suelen estar registrados. Los residuos dejan documentos. La movilidad y las compras también generan información.


El tercer paso consiste en decidir qué merece la pena medir, aunque sea voluntario. No todas las empresas necesitan conocer cien indicadores, pero probablemente todas tienen algunos datos que explican bastante bien su impacto.


Y el cuarto es trabajar la trazabilidad. Cuanto más fácil resulte explicar de dónde sale un número y qué evidencia lo respalda, menos esfuerzo será necesario cuando alguien lo solicite.


El límite de información dentro de la cadena de valor comenzará a aplicarse para ejercicios iniciados a partir del 1 de enero de 2027. Eso convierte los próximos meses en un buen momento para ordenar la casa.


SIMPLIFICAR NO DEBERÍA SIGNIFICAR DEJAR DE MEDIR


Europa está intentando reducir una burocracia que, en muchos casos, estaba creciendo demasiado deprisa para las pymes.


Es una corrección necesaria.


Una microempresa no debería tener que comportarse como una multinacional para demostrar que gestiona correctamente determinados aspectos ambientales.


Pero tampoco parece lógico interpretar esta simplificación como una invitación a dejar de conocer nuestros propios impactos.


Menos obligación legal, la misma presión comercial resume bastante bien el escenario que empieza a dibujarse.


La ley puede reducir la cantidad de información que una gran empresa puede exigir. El mercado puede seguir valorando que esa información exista.


Quizá la oportunidad esté precisamente ahí: dejar de producir datos únicamente para rellenar informes y empezar a generar información que ayude a mejorar, comparar, decidir y demostrar.


Si conseguimos que esa información se produzca de forma sencilla, trazable y proporcional al tamaño de cada organización, habremos conseguido algo mucho más útil que cumplir una norma.


Habremos convertido el dato ambiental en una herramienta.


Y no en otra carpeta pendiente de rellenar.







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