MIENTRAS CANARIAS DEBATE, TURQUÍA CERTIFICA

TURQUÍA APUESTA POR LA CERTIFICACIÓN OBLIGATORIA EN 2030 Y ABRE UN DEBATE QUE CANARIAS NO DEBERÍA APLAZAR: ANTICIPARSE O QUEDARSE ATRÁS.
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CUATRO DE CADA CINCO. UN DATO QUE DEBERÍA HACERNOS PENSAR
Hay cifras que sorprenden. Y otras que deberían hacernos reflexionar sobre lo que estamos haciendo.
En septiembre de 2025, Turquía superó los 2.000 alojamientos certificados bajo estándares vinculados al Global Sustainable Tourism Council (GSTC). Según la información difundida entonces, concentraba más del 80 % de los establecimientos con este tipo de certificación a escala mundial.
El crecimiento era extraordinario: de 1.466 establecimientos a finales de 2024 a 2.005 nueve meses después. Un incremento cercano al 37 %.
Pero la historia no termina ahí. Según el informe OECD Tourism Trends and Policies 2026, a 18 de mayo de 2026 Turquía ya contaba con 2.374 alojamientos certificados en la tercera fase de su programa nacional de turismo sostenible, además de otros 16.435 establecimientos que habían superado las fases iniciales de verificación.
Detrás de estas cifras hay mucho más que una campaña de promoción turística.
Hay una estrategia, una colaboración entre instituciones y empresas y, especialmente, una fecha marcada en el calendario: 2030.
Mientras Canarias debate, Turquía certifica. Y aunque la comparación puede resultar incómoda, merece la pena plantearla.
¿Estamos avanzando al ritmo que necesitamos o seguimos dejando demasiadas decisiones para mañana?
MIENTRAS CANARIAS DEBATE, TURQUÍA CERTIFICA: LA ESTRATEGIA QUE EXPLICA EL CAMBIO
Para entender lo que está ocurriendo, conviene saber qué es el GSTC.
El Global Sustainable Tourism Council es una organización internacional que establece criterios de referencia para evaluar la sostenibilidad turística. Estos abarcan cuestiones ambientales, sociales, culturales y de gestión.
No se trata simplemente de colocar una etiqueta verde en la recepción de un hotel.
Sus estándares sirven de base a procesos de certificación realizados por entidades externas, que comprueban si los establecimientos cumplen determinados requisitos.
La diferencia es importante.
Un alojamiento puede afirmar que ahorra agua, reduce residuos o respeta el entorno, pero otra cosa es demostrarlo mediante procedimientos, indicadores y evidencias contrastables.
Turquía ha entendido que esa capacidad de demostrar puede convertirse en una ventaja competitiva.
Y ha dado un paso más: en lugar de esperar a que cada empresa decida cuándo actuar, ha organizado un programa nacional que establece un camino común.
LA FECHA QUE CAMBIA LAS REGLAS: 2030
El elemento más interesante del modelo turco no es únicamente el volumen de certificaciones, sino su planificación.
El país ha establecido un sistema progresivo de tres fases que culmina en 2030, cuando los alojamientos deberán alcanzar la certificación completa prevista en el programa.
De hecho, el proceso ya está en marcha. Los establecimientos debían alcanzar al menos la segunda fase de verificación al finalizar 2025.
No se trata, por tanto, de anunciar una obligación futura y esperar cinco años. Se trata de acompañar al sector mediante etapas que permiten incorporar progresivamente los criterios exigidos.
Esa es probablemente una de las principales lecciones.
Cuando una empresa conoce los objetivos, los plazos y los requisitos, puede organizar inversiones, formar a su equipo y mejorar sus procedimientos.
Cuando no existe una dirección clara, cada establecimiento termina avanzando a su manera.
Eso sí, tampoco debemos idealizar la certificación.
Tener un sello no significa que desaparezcan automáticamente los problemas ambientales de un destino. La presión sobre los recursos, la generación de residuos o la convivencia con la población residente necesitan mucho más que superar una auditoría.
“La certificación debe ser una herramienta para mejorar, nunca el objetivo final”.
CANARIAS TIENE EXPERIENCIA, PERO ¿TENEMOS UNA ESTRATEGIA COMPARTIDA?
Sería injusto afirmar que Canarias no está haciendo nada.
Contamos con establecimientos comprometidos, iniciativas ambientales, proyectos de economía circular y empresas que llevan años incorporando mejoras a su actividad.
También tenemos experiencia turística y capacidad para innovar.
El problema no parece estar en la ausencia de iniciativas, sino en conseguir que formen parte de una transformación coordinada.
Buena parte de los esfuerzos siguen dependiendo de decisiones individuales, programas específicos o compromisos voluntarios.
Esto provoca que los avances sean desiguales y, para un territorio insular, esta cuestión resulta especialmente importante.
Canarias necesita compatibilizar su actividad turística con unos recursos naturales limitados, la protección del entorno y el bienestar de quienes vivimos aquí.
No podemos permitirnos que la sostenibilidad sea únicamente una característica adicional de determinados alojamientos. Debería formar parte de la manera en que gestionamos el destino.
Eso no significa copiar automáticamente el modelo turco. Nuestra realidad territorial, económica y ambiental es diferente. Pero sí podemos aprender de su capacidad para establecer objetivos compartidos y mecanismos que permitan comprobar los resultados.
DE LOS SELLOS A LOS DATOS: DÓNDE ENCAJA HO2
En modoBIM llevamos tiempo trabajando sobre una idea que conecta directamente con este debate: la sostenibilidad tiene que demostrarse mediante acciones, datos y resultados.
Esa es una de las bases de HO2, nuestro proyecto orientado a impulsar prácticas sostenibles en alojamientos turísticos y en su entorno.
Su planteamiento busca conectar los compromisos ambientales con la actividad cotidiana de hoteles, pequeños establecimientos y viviendas vacacionales.
Porque una cosa es disponer de una certificación y otra conseguir que sus principios formen parte de las decisiones que se toman cada día.
¿Cuánta agua se consume? ¿Dónde podemos reducir residuos? ¿Cómo implicamos a los visitantes? ¿Qué mejoras podemos documentar?
Son preguntas sencillas de formular, pero responderlas exige información, seguimiento y continuidad.
HO2 trabaja precisamente en ese espacio: facilitar la evaluación de prácticas sostenibles, reconocer compromisos y promover actuaciones concretas.
No pretende sustituir una certificación internacional como las basadas en estándares GSTC. Su aportación es complementaria: ayudar a que la sostenibilidad resulte más cercana, medible y aplicable.
Y, especialmente, que no quede reservada a las grandes cadenas hoteleras.
Los pequeños alojamientos también deben encontrar herramientas proporcionadas a su realidad.
QUÉ PUEDE HACER HOY UN ALOJAMIENTO TURÍSTICO CANARIO
No necesitamos esperar hasta 2030 para comenzar.
Un alojamiento puede dar los primeros pasos revisando sus consumos de agua y energía, identificando los residuos que genera y comprobando qué información tiene disponible para evaluar sus resultados.
También puede estudiar los estándares internacionales que mejor encajen con su actividad y preparar progresivamente sus procedimientos para una posible certificación.
Pero hay una cuestión que a menudo olvidamos: las personas.
La sostenibilidad no funciona cuando se queda encerrada en un documento que nadie consulta.
Necesita implicar a los equipos de trabajo, a las empresas proveedoras y a quienes nos visitan.
También exige comunicar con transparencia.
Si afirmamos que hemos reducido nuestro impacto ambiental, debemos poder explicar qué hemos conseguido, cómo lo hemos medido y qué aspectos siguen pendientes.
Esa transparencia ayuda a evitar el greenwashing, o lavado verde, y genera confianza.
En definitiva, se trata de pasar de anunciar compromisos a demostrar avances.
2030 ESTÁ MÁS CERCA DE LO QUE PARECE
Turquía ha decidido acelerar su transformación turística estableciendo objetivos, plazos y mecanismos de verificación.
Canarias todavía tiene margen para definir su propio camino.
No necesitamos reproducir exactamente las mismas obligaciones. Necesitamos una visión compartida, colaboración entre administraciones y empresas y herramientas que permitan medir los resultados.
Sobre todo, necesitamos dejar de interpretar la sostenibilidad como una carga que llegará algún día.
Puede convertirse en una oportunidad para mejorar la competitividad, reducir presiones sobre nuestro territorio y reforzar la calidad del destino.
La cuestión ya no es si el turismo tendrá que demostrar que es sostenible, sino cuánto tiempo queremos esperar para empezar a hacerlo.
Desde modoBIM seguiremos trabajando para que proyectos como HO2 contribuyan a transformar esa reflexión en acciones concretas.
Porque el futuro del turismo canario no debería decidirse únicamente cuando otros destinos ya hayan marcado el camino.
Es evidente que, tras esta exposición, viene a colación una pregunta: ¿Y si empezamos a construir hoy nuestra propia hoja de ruta hacia 2030?




