PROGRAMAR CON IA NO ES MAGIA: ES DECIDIR QUÉ NO LE PIDES
- Juan Pedro Dyangani Ose

- 29 jul
- 6 min de lectura

MODOBIM ESTRENA UN PROTOCOLO DE DESARROLLO CON INTELIGENCIA ARTIFICIAL, QUE REVELA DÓNDE DEBE TERMINAR EL TRABAJO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Esta entrada es la publicación número 50 del blog de modoBIM. Una cifra redonda, y con ella ha aparecido una tentación distinta a la habitual: por una vez, en lugar de hablar de una norma nueva, un proyecto ajeno o una tendencia del sector, nos apetecía hablar un poco de nosotros mismos. De cómo trabaja modoBIM puertas adentro cuando construye sus propias herramientas.
Y da la casualidad de que hay algo reciente que merece que lo contemos. Todo el mundo habla de "crear con inteligencia artificial" como si fuera un truco de magia: escribes una frase, aparece una aplicación. La realidad, cuando se trabaja en serio, es bastante menos espectacular y mucho más interesante. La pregunta que de verdad importa no es "¿puede la IA hacer esto?", sino "¿cómo debe hacerlo?". Y esa segunda pregunta es la que ha llevado a modoBIM a construir un nuevo protocolo interno de trabajo, estrenado con un proyecto pequeño, humilde y sorprendentemente revelador: Yalavi..
UN PROTOCOLO, NO UNA IMPROVISACIÓN
Este cambio no nace de la nada. Desde 2022, modoBIM ha desarrollado proyectos propios de economía circular y sostenibilidad, principalmente tokenMYs, centrado en la implantación del quinto contenedor y la recompensa a residentes por gestos sostenibles. Esa experiencia acumulada ha ido evolucionando hacia HO2, que traslada esa misma lógica de recompensa al ámbito turístico y continúa hoy en desarrollo.
Durante todo ese tiempo, la IA ya estaba presente en el día a día de modoBIM, aunque de forma auxiliar: para consultar dudas, buscar información, aglutinar datos o generar resúmenes e informes. Era un comodín puntual, ajeno al desarrollo del proyecto principal. El cambio real llega a finales de 2025, tras el cierre de tokenMYs: la IA deja de ser un apoyo ocasional para pasar a formar parte del propio proceso de construcción del producto.
Desde entonces, modoBIM ha ido dejando atrás la idea de "pedirle a la IA que haga la app" para sustituirla por un método de trabajo. En lugar de generar todo de una vez, el nuevo protocolo avanza por fases con puntos de control:
Primero se define qué problema se resuelve y para quién,
después se diseña la lógica y las pantallas,
y solo entonces se construye el producto capa por capa, revisando cada bloque antes de avanzar al siguiente.
La herramienta principal en la construcción ha sido V0 de Vercel, que genera interfaz y código de forma guiada. Pero la herramienta es lo de menos. Lo que cambia el resultado es la disciplina de fondo: cada decisión —qué se automatiza, qué se descarta, qué se deja para más adelante— queda documentada antes de escribir una sola línea de código. La IA acelera; el criterio sigue siendo humano.
QUÉ NO VA A HACER LA APP
Esto se traduce en algo muy concreto: antes de generar una sola pantalla, el equipo escribe qué problema resuelve el producto, a quién sirve y, sobre todo, qué NO va a hacer en esta primera versión. Puede parecer un paso burocrático, pero es justo lo contrario: es la forma de evitar que la IA —siempre dispuesta a añadir una función más, una posibilidad más— acabe decidiendo por el equipo hacia dónde crece un producto. Cada función que se descarta queda anotada con el motivo, de modo que nada se pierde y nada se añade sin que alguien lo haya decidido conscientemente.
EL PRIMER CASO: YALAVI
Yalavi es, a primera vista, una aplicación modesta: sirve para recordar qué películas y series se han visto, cuáles están pendientes y cuáles se abandonaron a mitad de camino. No puntúa, no exige reseñas, no pide crear un perfil social. Su ambición es otra: que cualquier persona pueda pasar de una libreta, una nota del móvil o una hoja de cálculo desordenada a un registro sencillo, sin fricción y sin condiciones.
POR QUÉ YALAVI
Precisamente por su sencillez, Yalavi ha sido el reto ideal para estrenar el nuevo protocolo. Un proyecto pequeño permite equivocarse rápido, ajustar el método y entender, sin presión, dónde encaja la inteligencia artificial en el proceso de construcción de un producto real. Y en el camino apareció algo que va mucho más allá de la propia app: una manera de pensar la relación entre IA y criterio humano que merece explicarse.
DECISIONES QUE NO SON SOLO TÉCNICAS
Ese mismo criterio se aplica a decisiones que parecen puramente técnicas y no lo son. Yalavi se apoya en el dictado nativo del teclado del móvil para introducir títulos en lugar de construir un sistema propio de reconocimiento de voz: no porque sea más barato de programar con IA, sino porque añadir un micrófono propio implicaría pedir permisos, grabar audio y depender de un servicio externo de transcripción, tres fricciones que el proyecto no necesita para resolver el problema real. La IA podría haber generado ese sistema sin problema; el equipo decidió que no debía hacerlo. Lo mismo ocurre con el coste: toda la infraestructura de producción del MVP se mantiene en cero euros, con los datos guardados en el propio dispositivo del usuario en lugar de en un servidor. Ninguna de estas decisiones nace de una limitación de la herramienta, sino de una pregunta que el protocolo obliga a hacerse en cada bloque: ¿esto lo necesita el usuario, o solo lo hace posible la tecnología?.
EL DETALLE QUE LO RESUME TODO
Uno de los mayores obstáculos para adoptar una aplicación como Yalavi es el historial ya acumulado: años de películas y series apuntadas en una libreta, una nota del móvil o una hoja de cálculo que nadie quiere transcribir título a título. Para resolverlo, Yalavi le propone al usuario algo muy sencillo: abrir un chat con la IA que prefiera —no hace falta ninguna en concreto: ChatGPT de Openai, Claude de Antropic, Gemini de Google, etc.— y pedirle, por ejemplo, "las 30 películas de ciencia ficción más importantes de los años 90". La IA busca esos títulos en una base de datos de referencia del sector audiovisual y devuelve un listado ordenado, como una fila por película, que el usuario descarga e importa directamente en la app. En un par de minutos, decenas de títulos quedan localizados y listos para clasificar, sin haber escrito ni uno a mano.
LO QUE SE LE PIDE A LA IA (Y LO QUE NO)
Hasta aquí, nada distinto de lo que cualquiera esperaría de la IA hoy. Lo interesante es lo que se le pide explícitamente que no haga: la IA debe entregar título, año y tipo —datos objetivos, verificables, que existen en una base de datos real— pero debe dejar en blanco si el usuario ya vio ese título o no. Ese dato no es verificable por nadie más que la propia persona. Ninguna IA, por sofisticada que sea, puede saber si alguien ha visto una película concreta; solo puede inventarlo con apariencia convincente, que es justo el riesgo que se quiere evitar.
TRAZAR LA FRONTERA
Es una distinción aparentemente pequeña, pero encierra el principio que guía todo el protocolo: la IA es extraordinaria resolviendo lo que se puede comprobar, y absolutamente inútil —o directamente peligrosa— cuando se le pide que decida algo que pertenece solo a la experiencia de una persona. Diseñar bien con IA no es maximizar lo que se le delega, sino trazar con precisión esa frontera.
QUÉ SIGNIFICA PARA LO QUE VIENE
Yalavi es un proyecto modesto y no comercial (de momento), pensado como banco de pruebas antes que como producto final. Pero el protocolo que ha ayudado a construir seguirá aplicándose a los próximos desarrollos de modoBIM, incluidos los que sí tienen vocación de llegar al mercado, como HO2, el sistema de recompensas para turismo sostenible que la compañía sigue desarrollando. La lección de Yalavi no es técnica, es de criterio: cuanta más capacidad tiene la IA, más importante se vuelve decidir, con método y sin prisa, “qué parte del trabajo debe seguir siendo humana”.
Esa es, en el fondo, la apuesta de modoBIM: no usar la inteligencia artificial para hacerlo todo más rápido a cualquier precio, sino para hacerlo mejor, con una frontera clara entre lo que una máquina puede verificar y lo que solo una persona puede decidir.



